el tiempo se describe solo.
Nos integra, nos diseña
y nos determina
en su contorno etéreo.
El polvo se deposita en los muebles.
nuestra cama huele a rancio.
nuestras acciones se esquivan y
nuestros ojos parpadean
al menosprecio
que nos ofrecen
a lo largo del día.
Huele a puchero que hierve
a boca de mal aliento.
Los gatos van y vienen y
dormitan en el brazo del sofá.
El sol brilla y de pronto ya no.
Los libros apilados en el suelo
recuerdan el olvido.
Y en el olvido duermen tu edad y la mía
temiendo cruzarse en el corredor
ansiando tener la edad de siempre
para siempre.
para no estar aquí hoy tu y yo
contigo y conmigo.
para no ampliar la distancia
entre lo que somos y lo que éramos.
Para estar en este momento en aquel momento
que añoramos y maldecimos por desecharnos.
El calor de la estufa acurruca tu soledad.
La noche abierta rompe mi anhelo.
Y juntos y separados dormimos
el cansancio
de tanto soñar que seríamos
lo que no hemos logrado.